Perder la forma humana. Una imagen sísmica de los años ochenta en América Latina

Texto publicado por la Red Conceptualismos del Sur en el catálogo Perder la forma humana. Una imagen sísmica de los años ochenta en América Latina (MNCARS, 2012) a propósito de la exposición homónima. 

Existencialismo cínico, contracultura, mayo francés, beatniks, nueva izquierda, antipsiquiatría y música de rock como hilo musical brindaron el desfile de ideas que me empujaron hacia el futuro con una alegría impúdica que aún conservo. Monologuistas contestatarios, bailarinas de strip-tease y músicos de happening-rock intentábamos carecer de identidad con la intención de vivir en revolución permanente. Éramos tan pocos que el borde de los escenarios se hacía permeable y emancipaba a artistas y a espectadores de sus roles acostumbrados. La idea era perder la forma humana en un trance que desarticule las categorías vigentes y provea emociones reveladoras.1

“Perder la forma humana”: con esta reveladora imagen de la mutación el músico argentino Indio Solari retoma y resignifica un concepto del antropólogo peruano Carlos Castaneda que apunta hacia la disolución del yo individual. Esta figura resulta productiva como modo de interpelar los materiales reunidos en esta investigación colectiva desde una doble perspectiva. Alude, por un lado, a la masacre y al exterminio, a los efectos arrasadores sobre los cuerpos de la violencia ejercida por las dictaduras militares, los estados de sitio y las guerras internas. Por otro, remite a las metamorfosis de los cuerpos y las experiencias de resistencia y libertad que ocurrieron paralelamente —como réplica, refugio o subversión— durante los años ochenta en América Latina.

A cualquiera que acceda a la lectura de este libro le resultará inmediatamente evidente la heterogeneidad de los casos considerados. Se reúnen aquí episodios tan disímiles como las estrategias creativas empleadas por los movimientos de derechos humanos para visibilizar a los desaparecidos y víctimas del terrorismo de Estado, la supervivencia del ritual Arete Guasu en el Chaco paraguayo, las prácticas de colectivos de poesía, teatro, música, historieta, arquitectura y activismo gráfico en la disputa del espacio público en medio de la represión, las experiencias de desobediencia sexual, y las fiestas y performances en espacios under en distintos países del continente. Este complejo corpus nos permite identificar la aparición múltiple y simultánea de tácticas afines, de modos de acción e invención de espacios en diferentes contextos, y la coincidencia en el recurso al cuerpo como soporte artístico y político prioritario.

El proyecto explora dos modos de articular esta multitud de prácticas diversas y dispersas. Por un lado, mediante relaciones de afinidad y contagio entre las experiencias, derivadas con frecuencia del contacto entre artistas y activistas ocasionado por exilios, redes de acción común o solidaridades internacionales. Y, por otro, aplicando una serie de ideas-fuerza que permiten atravesar los diversos episodios de manera transversal y contrastar escenarios aparentemente desvinculados.

La investigación se concibe como una cartografía parcial de las irrupciones y tensiones artísticas y políticas que atravesaron una época cuyas secuelas exceden con creces su propio tiempo cronológico. Situamos su inicio simbólico en 1973, año del golpe militar de Augusto Pinochet en Chile, hito que inaugura una política genocida de alcance continental que clausura brutalmente un ciclo de expectativas revolucionarias, obligando a transformar los modos de acción y los lenguajes de la política. Marcada por la derrota, dicha reformulación tiene lugar en el marco de la llamada segunda ola del feminismo y la disidencia sexual, del surgimiento de un sujeto-escoria inscrito en subculturas juveniles (caracterizadas por dinámicas subversivas de experimentación corporal y desviación social) y del rechazo de las consignas ideológicas y partidistas tradicionales. Ubicamos un cierre tentativo de este periodo en 1994, cuando el zapatismo inaugura un nuevo ciclo de movilizaciones que refunda el activismo a nivel internacional.

La alusión del subtítulo de este libro a una imagen “sísmica”2 remite a un ejercicio de pensamiento en el que confluyen y colisionan múltiples temporalidades y territorios: un registro inestable que oscila entre el colapso social y la aparición de nuevas formas de subjetivación.

Lo que presentamos aquí es el avance de un proyecto de investigación en curso que involucra a 31 investigadores vinculados a la Red Conceptualismos del Sur. Esta primera fase se concentra en episodios ubicados en Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Perú, con la inclusión de casos puntuales en Uruguay, México, Colombia y Cuba, a partir de una constelación de problemas y preguntas comunes.

Lo que presentamos aquí es el avance de un proyecto de investigación en curso que involucra a 31 investigadores vinculados a la Red Conceptualismos del Sur. Esta primera fase se concentra en episodios ubicados en Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Perú, con la inclusión de casos puntuales en Uruguay, México, Colombia y Cuba, a partir de una constelación de problemas y preguntas comunes.

Se trata de un proyecto de naturaleza transversal. Sus integrantes estamos implicados en áreas que desbordan el campo del arte y el mundo académico. Nos impulsa la voluntad de idear formas alternativas de visibilización y reactivación de las experiencias investigadas, así como de constitución y socialización de archivos de los materiales reunidos.

A lo largo de los últimos dos años, además de innumerables encuentros virtuales, hemos organizado tres reuniones presenciales de discusión, tanto interna como pública, que han congregado a artistas, activistas e investigadores3 . El distanciamiento de los procedimientos curatoriales habituales y la opción de fundar el proyecto en una investigación extremadamente polifónica nos iba a colocar en una situación de incertidumbre respecto a la futura formalización de sus resultados en la exposición y la publicación. Llegar hasta este punto no ha supuesto un proceso sencillo ni eficaz, sino un sinuoso camino en el que nos topamos con hallazgos, discusiones y desacuerdos.

Los materiales reunidos en la exposición son el resultado de una exhumación que muestra obras y documentos sin establecer a priori distinción alguna entre ellos. Esta virtud entraña también una dificultad y a menudo nos encontraremos con documentos casi ilegibles, no sólo por su deterioro físico, sus rasgaduras y rayones, sino por su distancia respecto a los relatos convencionales de la historia del arte del periodo. Somos conscientes, además, de los problemas inherentes al proceso de recuperación de las huellas de estas prácticas y de las contradicciones que implica el volver la mirada sobre episodios que, en muchos casos, nunca antes se habían hecho visibles dentro de la institución arte: la diseminación de su memoria puede tener como reverso su reificación.

Pretendemos que la exposición sea una experiencia sensible que afecte, en sus cambios de escala y de ritmo, a quien se sumerja en ella. Para ello, eludimos tanto un orden convencional en secciones “nacionales” como lecturas monográficas por episodios, optando, en cambio, por proponer una serie de zonas definidas por nudos conceptuales que problematizan cualquier percepción naturalizada o unívoca del tiempo histórico y de la región geopolítica que centra los contenidos del proyecto. 

Este libro, a diferencia de un catálogo convencional, se concibe como una caja de herramientas. Adopta la forma de un glosario que aglutina una serie de conceptos derivados tanto del léxico acuñado durante aquellos años por activistas y artistas, como del ejercicio anacrónico de reenmarcar estas experiencias a la luz del presente. Cada una de las entradas articula diversos episodios en torno a un concepto. Aspiran a funcionar como puntas de lanza que al atravesar la memoria material (documentos y obras) e inmaterial (testimonios) de esas prácticas desenvuelvan nuevas tramas de sentido. A su vez, las entradas contienen referencias a otros conceptos del glosario, donde se enfoca una misma experiencia o prácticas afines desde otras perspectivas.

Hemos de advertir que no todos los episodios y documentos exhumados a partir de la investigación colectiva encontraron lugar en la exposición o en el libro. Por otro lado, algunas de las experiencias que sí se encuentran presentes en la muestra son visualizadas en el libro desde nuevas ópticas y nuevas tramas de relaciones que complican su abordaje expositivo. Imaginamos la publicación —y los usos que puede desatar— como un tejido móvil, un dispositivo a completar, un experimento de reactivación, un organismo vivo e imperfecto.

Qué nos dicen hoy los ochenta

Durante los años ochenta en América Latina, el uso sistemático de la tortura, la desaparición y el asesinato masivo prepararon el terreno para la introducción de una serie de cambios sociales que sustentaron, durante los noventa, la implantación de democracias restringidas y corruptas, gozosamente autocelebradas con un cóctel de falso consenso, modernización y desmemoria. La profundización de determinadas medidas político económicas produjo efectos sobre el cuerpo social, moldeando la aparición de una subjetividad flexible, acorde con la privatización de la vida y el impulso empresarial de los nuevos gobiernos.

América Latina fue un laboratorio de pruebas de las doctrinas que luego se implantarían en los países llamados “centrales”. Al Plan Cóndor, ese operativo transnacional represor coordinado por las dictaduras chilena, argentina, paraguaya, boliviana, uruguaya, brasileña e, incluso, por el gobierno peruano, le sucedieron los documentos de Santa Fe (1980, 1986) y el Consenso de Washington (1990). En este último se acordaron las líneas económicas maestras trazadas desde Estados Unidos como el mejor programa para combatir el “subdesarrollo”, que ya habían sido adelantadas en la práctica durante la dictadura chilena. La política represiva se veía complementada por la marginación (cuando no la aniquilación) de la cultura opositora de izquierdas de los países latinoamericanos, impulsada por la CIA en el contexto del ocaso de la Guerra Fría y la disolución de la Unión Soviética. 

Como en ningún otro periodo del capitalismo moderno, se estrecharon los lazos entre economía y producción de subjetividad. La economía de la deuda se infiltró en la vida cotidiana bajo el progresivo desmantelamiento de los servicios públicos y la generalización del crédito como modo de acceso a la cultura del consumo. En América Latina este proceso se tradujo en la supeditación de la soberanía nacional a las imposiciones de los organismos acreedores internacionales; así, durante los setenta y ochenta, varios países ven multiplicada su deuda externa. La subjetividad de la deuda, al atravesar las relaciones laborales, sociales y afectivas, pasa de ese modo a regular las formas de vida y los modos de existencia de individuos y sociedades que, al tiempo que ven comprometido el acceso a la memoria de su pasado inmediato, hipotecan su futuro.

En franco contrapunto con este panorama sombrío, este proyecto de investigación quiere arrojar luz sobre la persistencia y la emergencia de al menos tres formas de acción política, tres zonas de politicidad que confrontaron esta nueva hegemonía y entre las cuales se produjeron tanto articulaciones como fricciones.

Durante los años ochenta tuvieron continuidad en América Latina algunas modalidades de acción y retóricas setentistas. El caso más evidente es el de la actividad guerrillera, que pervivió en distintos países de la región como en los casos, enormemente diferentes entre sí, de la Revolución sandinista en Nicaragua, el Frente Farabundo Martí en El Salvador, el Frente Patriótico Manuel Rodríguez en Chile, el M-19 en Colombia, Sendero Luminoso y el MRTA en Perú. Al reflexionar sobre estas experiencias, el proyecto de investigación se posiciona contra el intento neoliberal de desalojar todo debate público sobre la violencia. Ese intento encontró sus primeras formulaciones durante los ochenta de la mano de la “teoría de los dos demonios” en Argentina y de amnistías en ése y otros países, que equipararon moralmente la violencia ejercida por el terrorismo de Estado con la de las organizaciones guerrilleras setentistas. Mediante esta operación se pretendió apaciguar la memoria del pasado, exonerando del conflicto a la sociedad civil, de manera que se abrieran las puertas al supuesto esplendor del consenso sobre el que se asentaron las democracias de la “transición”. Durante las últimas décadas, las circunstancias vividas en América Latina y otras partes del mundo han mostrado de manera desgarradora las penumbras que pretendía ocultar dicho esplendor. Por otra parte, la evacuación del problema de la violencia responde al deseo de los Estados neoliberales de evitar al interior de sus fronteras cualquier conflicto político, demonizando a través de su aparato mediático toda forma de violencia revolucionaria o de resistencia (incluyendo la desobediencia civil, central en algunas de las experiencias analizadas por este proyecto) ejercida contra sus intereses materiales y/o simbólicos.

Contemporáneamente a esas acciones de la guerrilla y al margen de la lógica de partidos, emergieron en América Latina durante los ochenta otras formas de agenciamiento que alteraron la normalidad de la vida pública impuesta por el terror dictatorial. Un buen ejemplo es la política de movimientos impulsada por organizaciones de derechos humanos, feministas, o herederas de posiciones próximas a la teología de la liberación como Madres de Plaza de Mayo en Argentina, o Mujeres por la Vida y el Movimiento Contra la Tortura Sebastián Acevedo en Chile. En las acciones realizadas en el espacio urbano por estas agrupaciones se aprecia la intención de conciliar una política de la memoria o la denuncia de la tortura con la necesidad de recomponer los vínculos sociales tras la abrupta cesura que los golpes de Estado perpetraron sobre las aspiraciones revolucionarias setentistas. Así, la centralidad de la política es desplazada de la búsqueda de la toma del poder a la generación de afectos comunitarios y de antagonismo en el espacio público, anticipando de ese modo algunos elementos del activismo contrahegemónico de décadas posteriores. En la construcción de esos afectos cumplen un rol fundamental las relaciones entre los cuerpos y el recurso a soportes precarios y socializables como la serigrafía, las impresiones o los afiches. Todos ellos contribuyen a articular la experiencia de la protesta, escenificando una política de la multitud en la que la convivencia entre lo singular y lo colectivo contrastan con la apelación setentista a la idea de pueblo como sujeto social homogéneo. La confluencia entre la actividad de ciertos colectivos artísticos y algunas de las organizaciones mencionadas contribuyó a generar dispositivos de intervención gráfica abiertos y reapropiables por la multitud, como el Siluetazo en Argentina y el NO+ en Chile.

Por último, la reconfiguración del concepto mismo de lo político se produce durante los años ochenta desde la eclosión de un espectro amplio y complejo de prácticas y subjetividades que atraviesan la escena under y las disidencias sexuales. El roce de los cuerpos en marchas, acciones clandestinas y fiestas subterráneas ayudó también a reconstituir lazos afectivos quebrados por el terror. Con “disidencias sexuales” nos referimos a aquellas subjetividades que dan cuenta de una desobediencia respecto a la norma heterosexual, reivindicando la condición política del deseo y evidenciando que la confi nación naturalizada de la sexualidad al dominio de lo privado encubre su sanción y administración públicas. La emergencia de las desobediencias sexuales tendió a tensionar críticamente los espacios de militancia orgánica, sin constituir necesariamente un lugar superador de esas formas de articulación y agencia políticas. Estamos ante prácticas que impugnan aquellos discursos que proponen globalizar y normalizar la heterogeneidad de los cuerpos para amoldarlos a la historia del capitalismo, el colonialismo y el heteropatriarcado. En su lucha por salir de posiciones subordinadas o directamente negadas, las disidencias sexuales suponen, en muchas ocasiones, una alianza afectiva y política con la conciencia del sufrimiento común impuesto por la violencia estructural del sistema sobre amplias capas de la población. En cuanto a los espacios under o subte, se trata de microcomunidades que apelaron a la invención de territorios propicios para la fiesta, las drogas, la experimentación corporal y las sexualidades promiscuas, entendidas como “estrategias de la alegría”. Estas experiencias se nutren de legados anarquistas y libertarios que impulsaron el movimiento punk, la ética del “hazlo tú mismo” y la reivindicación de la autogestión y la autonomía. Si a primera vista la disciplina y los códigos morales de la política militante chocaban con el hedonismo crítico y la estética subcultural de estas colectividades, ambas esferas no estuvieron exentas de vínculos y contaminaciones.

Para medir el alcance de esta investigación, nos parece fundamental tener en cuenta el complejo mapa de confrontaciones que acabamos de bosquejar, así como la encrucijada histórica actual. Nuestro presente aparece marcado por los procesos de transformación que varios países del continente vienen experimentando en los últimos años. Es justo reconocer que América Latina representa hoy a nivel mundial una interferencia en la implantación global del neoliberalismo. Inscritos en ese contexto, nos preguntamos de qué modo puede contribuir este proyecto a las luchas colectivas que han irrumpido durante los últimos años tanto en América Latina como en Europa y otras partes del mundo.

Equipo coordinador RCS (Fernanda Carvajal, Ana Longoni, Miguel A. López, André Mesquita, Fernanda Nogueira, Mabel Tapia, Jaime Vindel) 

Notas

1 Entrevista inédita a Carlos “Indio” Solari, líder de la banda Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, realizada en Buenos Aires en 2011 por Daniela Lucena y Gisela Laboureau en el marco de este proyecto. 

2 En esta alusión reverberan tanto la aproximación de Georges Didi-Huberman a la obra del historiador alemán Aby Warburg en La imagen superviviente. Historia del arte y tiempo de los fantasmas según Aby Warburg, Madrid: Abada, 2009, p. 106, como la conceptualización que propone Jacques Derrida sobre los “acontecimientos sísmicos” en Espectros de Marx. El estado de la deuda, el trabajo del duelo y la Nueva Internacional, Madrid: Abada, 2012, p. 190. 

3 Estas reuniones tuvieron lugar en Lima (julio de 2011), Buenos Aires (octubre de 2011) y Madrid (diciembre de 2011). Todas ellas pudieron concretarse gracias al apoyo del MNCARS, de los Centros Culturales de España en Lima y en Buenos Aires, del Centro de Investigaciones Artísticas (Buenos Aires) y del Ministerio de Cultura de Brasil.